lunes, 21 de febrero de 2011

El encuentro entre Cristianos y Musulmanes (I)

Durante el siglo VII, el imperio bizantino se conmovía ante la imparable ola de conquistas musulmanas que le había arrebatado en apenas unas décadas las antiguas posesiones romanas en Africa (Egipto, Cirenaica, Trípolitania y Túnez) para posteriormente avanzar de manera fulgurante a través de las provincias de Oriente Medio como consecuencia del descalabro militar bizantino sufrido en Palestina a orillas del río Yarmuk en el año 635. Para intentar recuperarse, el emperador Constante II organizó una expedición naval con objeto de recuperar Egipto, el tradicional granero del Imperio desde los tiempos de Augusto, llegando incluso a reconquistar brevemente Alejandría en el 645 antes de que los árabes enviaran refuerzos para expulsar definitivamente a los bizantinos. Pese al fracaso, el contraataque de Constante hizo que el califa Otmán (o Utmán), se percatara de la necesidad de disponer de una flota capaz de neutralizar el dominio naval bizantino en el Mediterráneo. Los árabes tenían una escasa tradición marinera, pero para entonces contaban con la de algunos de los pueblos que habían caído bajo su dominio, como los alejandrinos o las ciudades del Mediterráneo oriental. El escogido para organizar la marina musulmana fue el general Muawiyya (conocido también como Amir al-Muminin, que llegaría, unos años más tarde, a convertirse en el primer califa omeya), que empezó a operar con la nueva armada en sendas y exitosas campañas de conquista sobre Chipre y Rodas en el 649, año en el que también realizaron incursiones en Creta, Sicilia y diferentes plazas bizantinas en Anatolia como preámbulo del  inminente avance de los ejércitos musulmanes sobre Asia Menor.



Constante, en medio de la hasta entonces mayor crisis del Imperio de Oriente, hacía acopio de fuerzas y apresura el refuerzo de las defensas de las ciudades más importantes de Asia Menor, procurando armas y alimentos para sus arsenales y graneros de sus plazas mientras asiste impotente a la caída en poder de los árabes de Armenia, en el 652, tras diez años de resistencia. No obstante, el emperador, sabiéndose en inferioridad en tierra, sigue confiando en que la destreza y oficio de la marina bizantina se impondrá a la superioridad numérica de la escuadra árabe que comienza a disputar el control de las aguas. En el 655, ambas flotas se encuentran frente a las costas de Licia, donde Constante en persona asume el mando de sus naves durante el gran combate naval, pero al final de la jornada, ante lo incierto de la batalla, ordena la retirada de los restos de la escuadra bizantina, sabiendo que desde ese momento, la misma Constantinopla se encontraría directamente amenazada. La muerte del califa Otmán origina numerosos desórdenes internos entre las diferentes facciones que se disputaban el poder absoluto del mundo islámico debido a la carencia de normas estables que regularan la sucesión, lo que concede a los bizantinos el tiempo necesario para recuperar el aliento reorganizando sus fuerzas y elaborando la estrategia defensiva que opondría a los invencibles musulmanes. Tras dos años de gobierno del califa Ali Ibn Abu Talib, el último allegado de Mahoma en la tribu quraisí, y un periodo de enfrentamientos civiles, el poder queda en el 661definitivamente bajo el control de Muawiyya, el militar de más prestigio tras las victorias de la armada musulmana. Consciente de que las disputas por el poder musulmán habían privado a sus ejércitos de aprovechar el encuentro naval de Licia, Muawiyya resuelve que la sucesión pasaría a tener carácter hereditario, lo cual se reforzaría con la elección de una sede permanente para el poder: Damasco. 
Se iniciaba así una nueva época en la historia del Islam conocida como el califato de los Omeyas.

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